Antes de consolidarse como chef ejecutivo en palacios de estilo neoclásico francés o de la consagración de las recetas de macarons, la torta chajá o la torta argentina, el idioma de Damián Betular eran más bien los sacabocados, tornos y destornilladores, una lengua que también comparte con Mario Pergolini, quien le reveló el curioso vínculo que los une y cómo luego el reconocido pastelero se decidió por un rubro radicalmente distinto.
Julieta Venegas en "Otro día perdido": la artista habló de su hija Simona y contó por qué regresó a México tras vivir ocho años en Buenos Aires“A todos los electromecánicos nos tenemos mucho cariño”, lanzó Mario Pergolini apenas después del cálido aplauso con el que el público recibió a Damián Betular en el último programa de Otro Día Perdido. El pastelero, asombrado por su respuesta, le preguntó dónde había realizado sus estudios. “Tuve varios problemas de conducta en el secundario”, contestó el conductor, comentando las diferentes escuelas industriales a las que había asistido.
Una pasión compartida entre cables y herramientas
Luego de que Pergolini contara que repitió e hizo siete años de secundario, comenzó el intercambio de experiencias propias en el oficio. “¿Con el torno te llevás bien?”, le preguntó Betular, a lo que el presentador respondió: “Sí, porque mi papá era tornero y teníamos un torno también en casa”. “¿Y qué hacían? ¿Sacabocados?”, lanzó el pastelero, quien también le preguntó si realizaba hojalatería y fundición.
En ese momento, Betular comentó que asistió a la Escuela Industrial Número 1 Delfor del Valle, en Dolores. En dicha ciudad vivió hasta finalizar sus estudios secundarios, los cuales completó en cinco años en lugar de los seis previstos, alcanzando la graduación con honores. “Técnico electromecánico fue el título que obtuve cuando elegí la especialización en el colegio. Yo no quería ir a la escuela industrial, buscaba ir a una agropecuaria porque me encantaba todo eso”, reflexiona Betular.
El cambio de rumbo que lo llevó a la gastronomía
A pesar de sus ganas de volcarse al campo, la decisión final estuvo marcada por la preocupación de su entorno. El pastelero explicó que para ir al colegio agropecuario debía cruzar una ruta que a su madre le daba temor, por lo que terminó inclinándose por la opción técnica. “A mí me encantaba, pero al final me metí en el mundo industrial y me terminó gustando mucho”, reconoció sobre aquella etapa entre cables y herramientas.
El verdadero giro de timón llegó una vez terminada la secundaria, cuando enfrentó la decisión de qué hacer con su futuro profesional. “Cuando terminé la secundaria hice un test vocacional y ahí se me revolvieron varias cosas”, reveló el exjurado de MasterChef. Fue justamente en esa instancia donde se animó a blanquear por primera vez la vocación que terminaría marcando su vida: “Ahí conté que quería estudiar gastronomía”.
Lejos de encontrar resistencia en su casa, Betular contó con el respaldo inmediato de sus padres para dar el gran salto a la Capital Federal. “Vinimos a Buenos Aires, evaluamos dónde estudiar y ahí arranqué la carrera”, concluyó emocionado, cerrando así el capítulo de los talleres electromecánicos para dar inicio a una destacada trayectoria en las cocinas más prestigiosas del país.